lunes, 14 de julio de 2014
Los bárbaros
El día que los telediarios abrieron la edición del mediodía diciendo que Israel había sido atacada por nosequé cohetes yo había empezado a leer a Tzvetan Todorov. Supongo que hablar de Gaza desde occidente es, ahora que estamos de temporada, parecido a ir a los San Fermines de botellón. O ir a la playa a ponerte en la sombra. Algo así. Todorov nació en un país del este. Cuando uno dice "Europa del este" no piensa en Europa. Piensa en que, vete tú a saber porqué, dio la casualidad de que ese pobre país en cuestión cayó en un chacho (sí, cacho) del continente llamado X, pero que no es Europa. Porque Europa suena más a autobuses rojos, a Torre Ifel (sí, Ifel) o a aquel país tan progre en donde la maria es legal. Que oye, ojalá aquí de eso. Mi profesor de morfología escribió un artículo sobre lo genial que sería que legalizaran la marihuana en Extremadura (verídico). Y lo mejor de todo es que no le faltaba razón.
En fin, la cosa es que Europa suena a Occidente. Y el este, mire usted, no puede ser occidente. Orientalismo. Orientalismo llama Said a ese complejo que tienen los señores europeos de clase media-alta, blancos todos of course, de relacionar todo lo exótico, extraño, desconocido y místico con Oriente. Pero Oriente no es eso.¿Y qué es Edward? Tampoco nos lo dice. A uno le da mucha pereza pensar en eso. Uno está viendo la tele, su tele de plasma, en la mediocridad de su casa y de pronto vuelven a hablar de otra guerra. El de al lado dice "Hay que ver, esta gente, que no deja de tirarse bombas nunca eh" mientras bebe gazpacho. Qué fácil es decir eso cuando es verano en Badajoz y hace 40 grados a la sombra, y uno llega a casa, abre el grifo y sale agua fría. Pero hay gente refugiada en tierra que hasta antes de ayer era suya. Pero ya no. Porque un tratado de no sé qué cosa firmado en no sé dónde les obliga a irse. El tío Sam te necesita. ¿Para qué? Para ayudar a cargar el carro de la compra hasta Israel. El tío Sam lo que necesita es un par de ostias. Dice Todorov que los Palestinos intentaron el marxismo y el nacionalismo árabe, y que todo fracasó. Para muchos la única solución es el islamismo. Que no lo islámico, por cierto. Yo la verdad es que no soy quien para hablar de últimas soluciones. Ahora, sin ir más lejos, iré a ver un rato mi tele, de plasma. Y todavía no he acabado el libro de Todorov. Se llama, por cierto, "El Miedo a los bárbaros". Muy bueno para estas épocas en las que uno ya no sabe como luchar contra tanta barbarie. Ni a qué temer. No sé cómo estará el mundo el día que consiga acabarlo (es un tochito). Pero no se me olvidará que el día en que lo empecé los telediarios abrieron la edición del mediodía diciendo que Israel había sido atacada por nosequé cohetes; pero se callaron que Israel había atacado primero.
viernes, 20 de junio de 2014
Mundo radioactivo
Vivimos en un mundo globalizado, sí, sin embargo, estamos menos conectados con la realidad de lo que creemos, a pesar, no obstante, de sufrir sus repercusiones constantemente porque nos afecta el aleteo de una mariposa en Japón pero nadie nos dice cómo suenan sus alas. A todos nos afectó el tsunami de Fukushima de 2011 pero no tenemos ni idea de lo que está pasando allí actualmente: cada día toneladas de agua radioactiva es apilada en tanques alrededor de la central hasta que... ah... sorpresa. El encanto del progreso.
Vivimos encadenados a una globalización que no cuenta con nosotros, en la que los medios de comunicación (¡oh, sí, porque vivimos en la Era de la Información!) no comunican, entretienen transitoriamente.
Pero, tranquilos, poned la tele, sigamos en Utopía:
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